Tu librería en Aranda de Duero

GANADORES RELATOS BREVES LIBRERÍA- 20 AÑOS TODO LIBRO

20 años cuadradoCONCURSO RELATOS BREVES “LIBRERÍA”

Reunido el Jurado compuesto por: Juan Carlos López, Máximo López, Beni Pérez, Ape Rotoma y Angela Gavilán, presente Elías Domingo como secretario, en Aranda de Duero, en la tarde del 31 de octubre de 2016, acuerda por votación el siguiente resultado:

TRES GANADORES:

LIBRÉLULAS.

Las librélulas son criaturas generalmente pequeñas, transparentes en su centro y blanquecinas en las extremidades. Habitan las librerías y se alimentan de Literatura. Algunas solo comen palabras, lo cual puede resultar beneficioso, especialmente si prefieren los adjetivos. Otras se tragan páginas enteras o devoran personajes con una avidez perturbadora. Es sabido entre los libreros que muchas obras anónimas no son más que el estrago de librélulas come-autores. Se han reportado casos de librélulas que alcanzan los dos metros debido a una dieta decimonónica. Los libreros desesperan porque no saben cómo eliminarlas. Intentan confundirlas con copias del Ulises o empacharlas con Proust. Lo cierto es se están convirtiendo en un problema, sobre todo las que sienten predilección por los fi        –Desirée Jiménez Sosa – Las Palmas de Gran Canarias

 

EL INFIERNO Y LA GLORIA.

Fueron el cura y el barbero quienes seleccionaron los libros uno a uno. Los detractores de Darwin los transportaron, navegando junto a Gulliver por los mares y viajando a través del tiempo para depositarlos en la Bebel Platz de Berlín, donde un hombrecito con un bigote ridículo arengaba, brazo en alto, a la multitud. Después llegó la brigada de Montag con sus lanzallamas, para prender fuego al montículo de libros. La enorme pira se podía ver desde el archipiélago Gulag, desde el refugio secreto de Salman Rushdie. En ese momento, Elías se acercó y regresé al mundo conocido. El librero solo quería recomendarme un libro, el que me salvaría de la barbarie para siempre…      –José Carlos Iglesias Dorado – Aranda de Duero (Burgos)

 

CIEN AÑOS DE PROUST.

La chica nueva de la librería es un ángel. En el sentido literal de la palabra. Nos viene bien sobre todo para los anaqueles altos. Es un placer escuchar cómo declama versículos de El Cantar de los Cantares con su fuerte acento porteño, mientras ordena los libros siguiendo estrictamente la doctrina de los antiguos tratados de Alejandría. Pero hasta los ángeles graduados en biblioteconomía y documentación cometen errores. Tras contener un estornudo confunde de sitio dos libros de distinta estantería. Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía se come una magdalena mojada en té que le hace recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.   – Jesús Francés Dueñas – Madrid
SIETE FINALISTAS:

LA LIBRERÍA DE HANS:

Hans no podía salir de su librería. Cada vez que lo intentaba ocurría algo que hacía que, cuando llegaba a la entrada, no consiguiese poner un pie fuera de ella. A veces recordaba algo y se daba la vuelta, a veces el viento cerraba la puerta. Otras veces lo llamaba Lolita y tenía que ir a ver qué quería, qué necesitaba. O Julieta. O Antígona. O Dulcinea.
Esta mañana Hans cogió el paraguas, se puso el sombrero y se acercó hasta la puerta. Con decisión, puso la mano en el desgastado pomo de cobre, pero en ese momento apareció el Conejo Blanco y claro, tuvo que ir detrás de él.   – Sara Ramos López – Madrid.

 

 LITERATURA VIVA.

Cuando llegué a la puerta de la librería en mitad de la madrugada, después de que me llamaran de la central de alarmas, había un coche de policía y una señora que decía haber visto varias siluetas, a través del escaparate, moviéndose en la penumbra. Detallaba cómo vio a un niño con gafitas y túnica; a un hombre alto, delgaducho, con sombrero ovalado y lanza; a otro niño, con ropa de rayas; incluso a uno vestido como un pequeño príncipe.
Dentro todo estaba en calma, ni rastro de vida; no se habían llevado nada. Tan solo encontré varios libros abiertos y revueltos en la mesa donde estaban colocados los más leídos…    –Jesús Pérez Benítez – Badajoz. 

 

ATAQUE.

Desde la almena observé como el enemigo tomaba posiciones. Se avecinaba la lucha, tan ansiada y temida a la vez. La derrota significaba la muerte, y la victoria solo traería más batallas que librar. Caudales de sangre, sudor y lágrimas bañarían el suelo que ahora pisaba. Gritos de guerra ensordecedores dieron inicio a la batalla y doce enormes catapultas descargaron sus pesadas rocas hacia el castillo. Una de ellas comenzó a trazar una perfecta parábola que impactaría sobre mí irremediablemente, dándome la temprana muerte que temía. En ese instante tomé la decisión de acercarme al mostrador y pedirle al librero que me envolviese el libro en papel de regalo.

Es bien sabido que el papel gana a la piedra.     –Borja Montáns Redondo – Moraña (Pontevedra)

 

MIEDO:

¡Ladrones! Fue lo primero que pensó al encontrarse la puerta abierta de su librería. Despacio, se adentró con miedo a que los latidos de su corazón hicieran más ruido que sus propios pasos.
De repente, una venda envolvió sus ojos. Podía sentir el aliento acelerado de una persona en su nuca. Repulsivo y paralizante.
No quiero saber qué pasa ahora, pensó. Y, confiando en ser el personaje de un simple relato, gritó: “¡Por favor, deja de escribir.    –Elena Alcalde Rueda – Madrid

 

TARDE DE OTOÑO:

El niño dejó la caja sobre el mostrador.

─ Se le ha escapado.

Me retiré dos pasos por si algo se movía entre aquellos cartones agujereados.

─ Estaba muerto de frío. Cerca de la escuela. Le curé.

Antes de que yo pudiera abrir la boca el crío se marchó corriendo.

En la caja encontré un cuento descatalogado. Una de esas ediciones viejas como las que poblaban mi trastienda. Era invendible. Amarillento y sin dibujos. ¡Crío loco! Entré al almacén y lo tiré al montón del reciclaje. Mientras me alejaba escuché un estruendo que me dejó helado. Latían, aleteaban… Rompieron el cristal y salieron en bandada. Esta tarde la gente anda eufórica. Dicen que están lloviendo palabras.  Laura Cabedo Cabo – Torrent (Valencia)

 

EL RESCATE:

Así pasé años, sin que ningún extraño me tocara. Cada cierto tiempo, Juliana me cogía, me miraba unos segundos y me devolvía a la realidad. Mientras, amarilleaba. Me salieron pequeñas manchas en la piel. Sentía la humedad hinchando mis huesos acartonados. De repente, un día, alguien me llamó por mi nombre. Bajó la vista. Me acarició y me olió. No pareció importarle ni mi edad ni mi estado. Me llevó de la mano hasta su casa. El horizonte dejó de ser un techo grumoso o la negra espalda de un cadáver. Me pusieron de pie, con mi lomo a la vista y, de vez en cuando, descansaba en el regazo de mi nueva dueña.    –Joaquín Garralda Toral – Madrid

 

¡HUELGA!:

Nuestra muerte está cerca y a nadie parece importarle. Ríos de lágrimas para los libros que cesaron tras la revelación de que tan solo su cuerpo sería el cadáver de la digitalización. La inmortalidad les aguarda en una nube sin cielo ni lluvia. Pero qué será de nosotros, bastón evocador del lector ávido. Realizados desde el más rico tejido al más humilde papel nos enfrentamos al olvido, nosotros que siempre recordamos, marcando diligente esa última página. Antes nuestra pérdida era un martirio. Nuestra ausencia, una mutilación a las esquinas de los libros. Y ahora nadie llora nuestra pronta muerte. Solo las librerías quedarán como testigos de nuestra existencia. Por ello, compañeros marca páginas, es necesario comenzar una huelga general.    –Blanca Santos Pocero – Nava del Rey (Valladolid)

 

Enhorabuena a los tres ganadores y los siete finalistas. Más adelante os hablaremos de los otros seleccionados. Muchas gracias a todos los participantes por sus relatos. ¡Todos, geniales!